Madre, pedacito de cielo

que iluminas el camino de tus hijos

que labras el destino de ellos

detrás de horas dilatadas de labor recargada

y sin más descanso que tu amor

que persigues tu reino cual rey

que de hijos llenos está

y que para tí son

tu único tesoro.

 

Ay madre,

con la piel marchita por el tiempo

que más no sabe de tu entrega

en las fraguas de tu amor

hecho abrigo

hecho luz

hecho existir.

 

Madre, perdóname porque te hice sufrir

a pesar que tus consejos eran sabios

yo, no los supe aquilatar

y hoy secos ya mis labios de esta sed

por tenerte junto a mi

voy en procura del desierto

del Sahara

porque estos ríos y estos mares

no me son vastos para colmar la sed de ti.

 

Hijo, hija, vé detrás de la senda

de esa madre

 que cual perfecto arquitecto

la hizo para ti,

pero, vé con la seguridad

que es felicidad

porque ella no derramó su sangre en vano.

 

Madre, gracias te doy madre

por hacer de mi vida

junto a la constelación de planetas,

llegar hoy a m meta

y ser muy feliz.

 

(c) Gloria Dávila Espinoza